Russell Westbrook ha anunciado este 12 de agosto su retirada de la NBA tras 18 temporadas, a través de un vídeo narrado por Michael B. Jordan. Se marcha como el máximo anotador de triples-dobles de la historia, MVP en 2016-17 y una de las figuras que mejor explica lo que significa jugar cada partido como si fuera el último. Repasamos su carrera completa, sus logros y lo que su figura ha significado para Oklahoma City, para el baloncesto y para toda una generación que creció viéndole jugar.

El día que se apagó «Why Not»
No hubo rueda de prensa, ni gira de despedida, ni partido homenaje. Russell Westbrook eligió la forma más suya posible de anunciar el final, un vídeo, narrado por Michael B. Jordan, sin que él mismo pronuncie una sola palabra. La frase que lo acompaña resume mejor que cualquier discurso lo que ha sido su carrera: «A veces ni siquiera sabes que ya has visto el final. Tenías que haber estado allí. Y ahora se ha acabado.»
Se retira con 37 años, después de 18 temporadas, siete franquicias y una energía que nunca dio la sensación de agotarse del todo, ni siquiera en sus últimas campañas como sexto hombre en Los Ángeles o Denver. Esta pretemporada tuvo ofertas reales de Sacramento Kings, su último equipo, y de Washington Wizards. Las rechazó. Se va por decisión propia, ya que una leyenda como él, siempre tiene la posibilidad de elegir su destino.
De Long Beach a Oklahoma: el Big Three que iba a comerse la liga
Westbrook llegó a la NBA en el draft de 2008, elegido en la cuarta posición por Seattle SuperSonics, procedente de UCLA. Aquel mismo verano la franquicia se trasladó a Oklahoma City y pasó a llamarse Thunder. Nadie podía saberlo entonces, pero esa mudanza y ese pick número 4 acabarían siendo el origen de una de las historias de amor más intensas entre un jugador, una ciudad y una franquicia.
En Oklahoma coincidió con Kevin Durant y, poco después, con James Harden. El trío llevó a los Thunder a las Finales de 2012, donde cayeron 4-1 ante los Miami Heat de LeBron James en su mejor versión. Fue una final prematura para un equipo tan joven, y en su momento pareció el primero de varios intentos. La historia decidió otra cosa, Harden salió hacia Houston esa misma temporada por motivos económicos, y los caprichos del destino, nos hicieron, no volver a disfrutar de estas tres bestias jugando juntas.
El MVP que nadie vio venir
El verano de 2016 cambió la trayectoria de Westbrook para siempre. Kevin Durant se marchó a Golden State Warriors, la franquicia que acababa de eliminar a los Thunder en unas Finales de Conferencia que Oklahoma tuvo a tiro. Westbrook se quedó. Firmó una extensión de contrato con el único equipo que había conocido en la NBA y respondió de la única forma que Russell nos ha demostrado toda su carrera, cargándose el equipo entero a la espalda.
La temporada 2016-17 es, probablemente, la más extrema que ha jugado un base en la historia de la liga. Westbrook promedió un triple-doble por partido metiendo 31´6 puntos, recogiendo 10´7 rebotes y regalando 10´6 asistencias, algo que no ocurría desde que Oscar Robertson lo firmó en la temporada 1961-62, 55 años antes. Además, batió el récord de triples-dobles en una sola temporada, con 42. Ganó el MVP casi sin discusión posible. No fue solo una temporada de estadísticas descomunales, fue la respuesta de un jugador que decidió que el abandono de su compañero de equipo, y prácticamente hermano en aquel momento, no iba a significar el final de nada.
Una carrera que no cabe en una vitrina
Los números de Westbrook, vistos en conjunto, dejan de sonar a exageración y empiezan a sonar a anomalía estadística. Se retira como el máximo anotador de triples-dobles de la historia de la NBA, con 209, muy por delante del anterior récord en poder de Oscar Robertson (181). Promedió triple-doble en una temporada completa en cuatro ocasiones, si has leído bien CUATRO OCASIONES, algo que ningún otro jugador ha logrado, y que es probable, que nunca más en la historia, volvamos a ver algo similar.
A eso hay que sumar 9 convocatorias All-Star y 2 premios de MVP del partido de las Estrellas, 9 selecciones All-NBA, incluidas 2 veces en el mejor quinteto de la liga, en 2015-16 y 2016-17, 2 títulos de máximo anotador y 3 de máximo asistente de la competición. Termina su carrera como quinto máximo asistente de la historia de la NBA y decimocuarto máximo anotador de la historia de la misma. En 2012 ganó el oro olímpico con Estados Unidos en Londres, y en 2021 fue incluido en el equipo del 75º aniversario de la liga, el reconocimiento que certifica oficialmente lo que ya sabía cualquiera que le hubiera visto jugar: es historia de la NBA, sin matices, sin especulaciones, sin discusiones.
Siete camisetas, la misma versión de sí mismo
Lo que vino después de Oklahoma City fue una odisea que pocas superestrellas de su generación han recorrido. Houston, donde formó pareja de anotadores con Harden en un experimento que nunca terminó de encajar del todo. Washington. Los Angeles Lakers, con LeBron James, en un año complicado que sirvió también para demostrar que Westbrook podía competir en unas Finales de Conferencia Oeste ya entrado en la treintena. Los Angeles Clippers y Denver Nuggets, repartidos en la misma temporada 2022-23, en el tramo de carrera donde aceptó, por primera vez, bajar de titular indiscutible a pieza de rotación. Y, por último, Sacramento Kings, donde la temporada pasada volvió a ser titular en 58 de los 64 partidos que jugó, todavía generando triples-dobles a una edad en la que la mayoría de bases de su generación ya se habían retirado.
Lo llamativo no es que Westbrook jugara en siete franquicias distintas. Es que en ninguna de ellas bajó el nivel de intensidad con el que salía a la pista. Se puede discutir su encaje en cada sistema, su selección de tiro o incluso su eficiencia. Lo que nunca se pudo discutir es que corriera menos que nadie, que compitiera menos que nadie o que le importara menos que a nadie el resultado.
Lo que deja en Oklahoma City
Sam Presti, director general de los Thunder desde 2008, publicó un comunicado tras el anuncio que resume mejor que cualquier estadística lo que Westbrook significó para la franquicia. Presti lo llamó «el competidor definitivo» y explicó que su «creencia interna y su valentía sin límites ayudaron a establecer los cimientos de nuestra organización desde el primer día, en 2008», añadiendo que Westbrook «elevó la confianza e inspiró a nuestra comunidad cada año desde entonces». La frase que mejor lo retrata, sin embargo, es esta: «Construyó una carrera de Salón de la Fama no a base de declaraciones ni de simplemente batir récords. Lo hizo enseñándonos a todos el poder de hacer una pregunta sencilla: ¿Por qué no?«.
Presti llegó a situar a Westbrook como el segundo mejor jugador en la historia de la franquicia ( Vergonzoso, en mi opinión), solo por detrás de Shai Gilgeous-Alexander, el MVP actual y campeón de 2025. Westbrook no solo fue el mejor jugador de un equipo que pasó de Seattle a Oklahoma City sin identidad propia, fue, durante más de una década, la identidad entera de esa franquicia. Que Sam Presti, diga que se lo sitúa como segundo mejor jugador de la historia para OKC, es una frase, que personalmente, me cuesta digerir, en mi opinión, el impacto, la explosividad, los números y la identidad que dejaba Russell Westbrook en cada una de sus jugadas, no son comparables, en ningún momento, y de ninguna manera, con Shai Gilgeous-Alexander.
Cuando ves una camiseta de Oklahoma City Thunder por la calle, o piensas en la franquicia, solo hay una persona y un nombre que se te vienen a la cabeza:
El base que enseñó a una generación a jugar sin miedo
Hay jugadores que se admiran por lo elegante que es su juego. Westbrook nunca fue ese jugador, y nunca quiso serlo. Se admiraba por lo contrario, por jugar como si cada posesión fuera la última oportunidad que le iban a dar en la vida, por lanzarse a un rebote contra rivales treinta centímetros más altos, por gritar tras un mate en el minuto tres de un partido de octubre exactamente igual que lo haría en el séptimo partido de unas Finales.
Para una generación entera de chavales que crecieron viéndole jugar, Westbrook no representó la perfección técnica del baloncesto. Representó sin embargo, la competitividad y la ética de trabajo, y la resiliencia de seguir intentándolo aún cuando todo está en tu contra, porque cuando sus dos compañeros de equipo más importantes, se fueron a otros destinos, y quedó solo, no le echo la culpa a nadie, no miraba a su alrededor buscando responsabilidades, agarró la cuerda, la puso al hombro, y tiró del barco todo lo que la franquicia lo necesitaba, sin pedir nada a cambio, solamente, por amor propio, y eso es algo, que pocos jugadores a día de hoy, demuestran.
El final de Why Not
Russell Westbrook se retira sin el anillo que persiguió durante 18 años. Se retira, en cambio, con un récord de triples-dobles inalcanzable para la historia, con un MVP ganado casi en soledad, con el cariño incondicional de una ciudad que lo convirtió en símbolo, y con la certeza de haber cambiado la forma en que una generación entiende lo que significa competir. «¿WHY NOT?» fue siempre su pregunta. La respuesta, 18 años después, es que casi todo fue posible.